Una antigua leyenda japonesa promete que cualquiera que haga mil grullas de papel recibirá un deseo de parte de una grulla, tal como una vida larga o la recuperación de una enfermedad.
Las mil grullas de origami se convirtieron en símbolo de paz en Japón, debido a la historia de Sadako Sasaki (1943-1955),1 una pequeña niña japonesa que deseó curarse de su enfermedad producida por la radiación de la bomba atómica (leucemia) construyendo mil grullas.234
El cuento de la escritora argentina Elsa Bornemann, «Mil grullas»,5 trata el mismo tema: Naomi Watanabe y Toshiro Ueda son dos adolescentes de Hiroshima y él está visitando a sus abuelos, en la aldea de Miyashima cuando cae la bomba. Encuentra a Naomi en un hospital tratando de hacer grullas. Toshiro completa las mil y se las entrega a la chica, pero ella muere al día siguiente. 31 años después, Toshiro cumple 42, se casa, tiene 3 hijos y es gerente de una sucursal de un banco en Londres. Serio y poco comunicativo, pero a pesar de todo siempre se encuentran un par de grullas de origami sobre su escritorio. Cumpliendo así el deseo de Naomi de que nunca la olvide.
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